Ataraxia, quiero.

Siento el resquebrajar de las hojas
de otoño cuando son pisadas
como un rumor en mi pecho.
Se suponía que me había encontrado,
¿dónde está ese cachito de mí que hace
que me tambalee cada vez que me pongo en pie?

Estoy atascada en un otoño constante,
sin frío ni fuego,
sin compañía ni soledad.
Una cuerda desgarrada de la que desconozco
su momento final.
Una tecla de piano arrancada de raíz
de su dulce melodía.

Y sigo aquí hurgando las piedras
con las que aún me tropiezo,
levantándolas con el deseo de que bajo ellas
se encuentren mis respuestas.

Creía haberme encontrado al fin,
aunque quizá exista la dualidad,
y solamente hallara mi alma corpórea
y necesite seguir buscando esa parte de mí
que siento aún vacía,
vagando por algún lugar que todavía no he descubierto.

Me quedaré esperando,
como siempre,
el momento apropiado para volar.

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