Mártir.

Cae la noche y no sé
qué me espera.
Le doy la mano a la Oscuridad
y siento cómo mi alma tiembla.
Emociones bipolares
que nadie comprende,
dolores infernales
maquillados con carmín,
siendo sangre.

Me mezo en ríos de lágrimas
que salen cuando les viene en gana,
salto al precipicio del trastorno,
grito auxilio con la garganta rota,
amasijo sentimientos y palpo
la derrota.

Construyo una coraza débil,
estoy desarmada.
Ella sigue a mi lado a pesar
de los pequeños trazos de luz del
amanecer de esa nueva mañana,
que nunca llega.
Nunca llega, luego sí,
altibajos, altos y luego extra bajos,
una caja de sorpresas
recubierta de falsos latidos
y señas.

Adicción al óbice,
incondicional al desastre.
Mártir masoquista,
acostumbrado al dolor;
nadie conseguirá que desista.

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